domingo, 20 de enero de 2013
Esclavos
Si miran el palmarés de los Globos de Oro, o la lista de candidatos a los Oscar, verán que no se lleva mucho la fantasía. Al cine le toca visitar la historia, los grandes conflictos. Spielberg y Tarantino coinciden en girar sus cámaras hacia la esclavitud en la Norteamérica del XIX. Lo hacen con Lincoln, el presidente que ganó una guerra para tener un país de hombres libres, y con Django desencadenado, sobre la venganza de un esclavo contra su amo en el profundo sur. Kerry Washington, que hace un papel terrible de mujer vejada, comenta: "Se ha mostrado la vida de los esclavos con romanticismo, como diciendo que no los trataban tan mal. No era así". Claro que no, y tras ganar la libertad tardaron otro siglo en poder montar en los mismos autobuses que los blancos.
Ya no hay esclavos, sino sin papeles, y se les explota por pocos euros, pero sin derecho a azotarlos ni a matarlos. En el documental La puerta de no retorno (en Canal +), el director Santiago Zannou lleva a su padre Alphonse a su Benín de origen, que no había pisado en 40 años. Allí busca la paz con sus antepasados y acaba reflexionando con su hermana en el puerto del que partían los barcos negreros y adonde nadie volvió jamás. "Se los llevaron a cambio de vajillas y tabaco. Los vendieron y el precio no era muy alto. Desde esta puerta salían los esclavos para no volver. Hoy día ser negro sigue siendo muy dificil".
Ya no hay esclavitud, pero sí esclavizados en talleres clandestinos, en burdeles de carretera o entre los plásticos de los invernaderos. Con la novedad de que el empobrecimiento de los nativos va igualándonos por abajo. No hay esclavitud pero los parias siguen teniendo que pelear duro. Entre la aparente resignación cunde el ejemplo de la plaza Tahrir, desde la ira de las mujeres indias por las violaciones impunes a los indignados griegos o las mareas de todos los colores aquí. Vecinos de pueblos pequeños se han levantado porque les quieren quitar las urgencias, que es como decirles que sus vidas valen menos. Irritan los indultos caprichosos, los áticos sospechosos en tiempos de desahucios, la pasta en Suiza, el "que se jodan". Al chamuscado ciudadano solo le faltaba saber que sus líderes se repartieron sobres malolientes durante décadas para sentirse humillado.
Ya no hay esclavitud. Ahora todos como aquellos negros. Menos los amos del cotarro.
Fuente: El País
20 años sin Audrey Hepburn
Nació en Bruselas en 1929, años turbulentos, en el seno de una familia de estirpe aristocrática. Creció y se educó en Holanda. Posteriormente recayó en Londres, donde estudió danza en la prestigiosa escuela Marie Rambert School. Fue la II Guerra Mundial la que truncarían sus planes vocacionales de ser bailarina y la que le dejaría grandes secuelas. "La guerra es un gran igualador", aseguró en más de una ocasión. Decidió refugiar su talento en el cine. Y así llegarían sus primeros y anónimos pasos en la industria del séptimo arte.
William Wyler se topó con ella por azar y decidió darle el papel que cambiaría su vida: el de la princesa Anna en 'Vacaciones en Roma' (1953), con la que ganaría el Óscar a mejor actriz ese mismo año y sería portada de la revista Time. A partir de ese momento se sucederían actuaciones memorables como la de la ingenua Sabrina, en la película de Billy Wilder que lleva ese nombre; cantando 'Moon River' en el alféizar de una ventana encarnando a la emblemática Holly Golightly en 'Desayuno de Diamantes'; repitiendo aquello de "the rain in Spain stays mainly in the plain" en 'My Fair Lady'; recreando junto a Albert Finney el viaje perpetuo del amor en 'Dos en la carretera'; o bailando con Fred Astaire en 'Una cara con Ángel'.
Después de 15 años de éxitos sobresalientes en el cine, comenzó a actuar únicamente de forma ocasional. Su último papel data del año 1988 en la película 'Always' de Steven Spielberg, donde daba vida a un ángel -muchos dicen que premonitoriamente-. Además de la industria de Hollywood se alejó de los focos y protegió con recelo su vida privada. Sus sendos matrimonios con Mel Ferrer y con Andrea Dotti fracasaron y la actriz se refugió en el cuidado de sus dos hijos. "Los niños han sido el hilo conductor de mi vida", decía.
Si por algo destacó Audrey Hepburn en sus años finales fue por su labor humanitaria con UNICEF, de dónde fue nombrada Embajadora de Buena Voluntad por sus esfuerzos por combatir la desnutrición y el Sida en países del tercer mundo. Recreó su amarga infancia en la guerra paseando su inmensa sonrisa por países tan dispares como Honduras, Guatemala, Sudán o Somalia. Finalmente, esa sonrisa se apagó el 20 de enero de 1993 en su casa de Tolochenaz, Suiza, por un cáncer de colon. La misma que sigue imperecedera en la memoria, posters, tazas, camisetas, estanterías o videotecas de todo el mundo.
Fuente: Cadena Ser
La animación ya no es la cenicienta del cuento
Ha dejado de ser una cenicienta para subirse a la carroza y buscar ser la princesa. El sector de la animación muestra orgulloso sus últimos datos industriales. Ese gran desconocido ya no lo es tanto, sobre todo en el exterior, donde las producciones animadas españolas están copando un importante hueco en el mercado internacional. Los datos corroboran todos estos sueños.
En 2011 el sector facturó 300 millones de euros y el 62% de las empresas españolas exportan sus contenidos al extranjero, donde obtienen una media de entre un38% y un 70% de beneficios. Además, España es el tercer país europeo en volumen de negocio en empresas de animación, después del Reino Unido y Francia, y el séptimo en el ranking mundial. En la presentación ayer del Libro Blanco de la Animación 2012, celebrada en la Cineteca del Matadero de Madrid y elaborado por la agencia Rooter, el optimismo era la sensación más compartida y más cuando el sector de la producción audiovisual en España no está viviendo sus mejores momentos. Por eso, la animación saca pecho y asegura que las 200 empresas de animación que existen en nuestro país generan más de 5.000 empleos directos y otros 4.000 indirectos y augura un futuro más que prometedor. Según las previsiones del Libro Blanco, una completa radiografía de 300 páginas elaborada a lo largo de un año, se estima que en 2017 el sector crecerá hasta alcanzar una facturación de 879 millones de euros y que en los próximos seis años se desarrollen en España cerca de 1.000 proyectos de animación.
El objetivo de la elaboración de este documento, el primer estudio del sector que se realiza desde 2003 y que se puede consultar en la página oficial de Diboos, la Federación Española de Asociaciones de Productoras de Animación, www.diboos.com, ha sido el de obtener una radiografía del sector de la animación en España para demostrar su potencial y repercusión económica y estratégica en el conjunto de la economía española. Así, según los datos aportados, el impacto general en la economía alcanzaría la cifra de 1.581 millones de euros para 2017 y un empleo de más de 21.000 trabajadores. El estudio pone en valor la gran capacidad de internacionalización de la animación, como demuestra la presencia en más de 150 países de títulos como Pocoyó oJelly Jamm. El último ejemplo está en el éxito de Las aventuras de Tadeo Jones, dirigida por Enrique Gato, y que ha conseguido la cifra nada desdeñable en taquilla en España de 18 millones de euros desde su estreno a finales de agosto pasado. Las aventuras de Tadeo Jones, segunda película española más vista en 2012 tras Lo imposible y tercera en el cómputo global, ha sido ya vendida a más de 35 países, incluyendo Estados Unidos. El filme de Gato llega a los premios Goya del próximo 17 de febrero con cinco candidaturas (entre ellas la de guión adaptado, dirección novel y película de animación).
Junto a la internacionalización del sector, el Libro Blanco destaca el desarrollo en la investigación tecnológica (un 12% del empleo está destinado a este aspecto, frente a la media española que se sitúa en un 1,17%) y las enormes posibilidades futuras en este campo. Sin olvidar la influencia en sectores como el del juguete, el textil o la papelería, piezas clave en todos los proyectos de animación.
Los datos son más que optimistas pero todavía queda mucho por hacer. Lo primero intentar parar la fuga de talento al extranjero, además de luchar contra el desconocimiento y el olvido de este sector por parte de las televisiones y las administraciones públicas -el ICAA (Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales ha suprimido en 2012 las ayudas públicas para series de televisión animadas vigentes desde 2007-. Carlos Biern, presidente de Diboos, pidió una política de mayores incentivos fiscales, así como la declaración de la animación como un sector estratégico. “Hemos dejado de ser la cenicienta para subirnos a la carroza y convertirnos en la princesa del cuento”, finalizó Biern, que estuvo acompañado e la presentación por Pedro Pérez, presidente de los productores audiovisuales, Teresa Lizaranzu, directora general de Política e Industrias Culturales y del Libro, así como de Víctor Calvo Sotelo, secretario de Estado de Telecomunicaciones.
Gabino Diego: “Hoy es mucho más complicado montar una obra”
El actor regresa a Sevilla con el espectáculo ‘Una noche con Gabino (diez años después).
Aún recuerda la noche del estreno,allá por 2003. Es más, mantiene que la recuerda “con mucho cariño”, mérito a valorar si se tiene en cuenta que la ha interpretado más de 800 veces. Gabino Diego (Madrid, 1966) visita este fin de semana el Teatro Quintero de Sevilla con la que es su niña bonita, Una noche con Gabino (diez años después) (20.30), monólogo en el que el actor cuenta sus experiencias y hace un repaso a su carrera. Con proyectos de cine sobre la mesa, Gabino estará de gira con la obra hasta agosto.
PREGUNTA. En diez años, ¿aún no ha encontrado el hilo conductor para su espectáculo?
RESPUESTA. Buscar el hilo conductor es una excusa muy buena para ponerse en marcha. Es como el poema de Machado: caminante no hay camino se hace camino al andar. Y por ese camino te vas encontrando con la gente que protagonizará lo que quieres contar. En hora y media vas viajando con el público por el mundo que has vivido.
P. ¿Tan difícil es encontrarlo?
R. Gabino se va dispersando, se dispersa, y ese es el gran problema. Tengo que contar esto y esto, y ya no sabes cuál es el hilo conductor. ¿Cuál es el mensaje? Es entonces cuando Gabino se pone en marcha a contar sus vivencias. Finalmente, se da cuenta que el mensaje es el que cada uno se quiere llevar.
P. ¿No fue de los primeros de la clase, no?
R. (risas) No fui el primero de la clase, pero me consideraba el más inteligente. Una cosa es ser inteligente y otra ser tonto.
P. ¿Es ahora más difícil montar un espectáculo que hace diez años?
R. Hoy es mucho más complicado montar una obra, más cuando es un espectáculo para varios actores. Es un gran riesgo. Creo que la actual subida del IVA al 21% está haciendo mucho daño al sector. Lo que está pasando en la cultura es un claro reflejo de la situación actual del país.
P. En todo este tiempo, ¿cómo le ha cambiado la vida a Gabino Diego?
R. Me he hecho mayor, se ha ido gente a la que quería, mi hija ha crecido…, ya ve, cuando vio la obra tenía 6 años, ahora ya tiene 16. Los milagros de la vida.
P. ¿Se refleja estos cambios en la obra?
R. Se refleja en algunos momentos, principalmente, cuando hablo de los personajes que ya no están. Además, continuamente hago referencia a los 10 años que han pasado. Pero en general, la obra no cambia. De lo que se habla no tiene fecha de caducidad: amores, fracasos, éxitos,…
P. Al menos se habrá sacado la espinita de ser cantante...
R. Me han etiquetado que ser cantante es mi profesión frustrada y no es así. Es verdad que lo hubiera dado todo por ser un músico de talento, la música es mi pasión. Lo bueno de ser actor es que hacemos muchas cosas, vivimos muchas vida. He trabajado de aparcacoches y no tengo ni el carnet de conducir,… Es la magia de la interpretación. Lo importante, hagas lo que hagas, es que sea dignamente.
P. A lo largo del espectáculo, el público va conociendo el lado más personal de Gabino pero ¿qué no se ha atrevido a contarle aún?
R. Si no me he atrevido a contárselo al público, menos a los medios (risas). Muchas cosas, seguramente, muchas cosas.
P. Si cuando estrenó la obra le hubieran dicho que diez años después seguiría representándola ¿cuál hubiera sido su respuesta?
R. Me lo dijo un distribuidor. Me dijo: ‘Esto, para toda la vida’. No supe que responder. La verdad es que me animé a retomar la obra porque creo que vivimos en una época en la que la gente necesita reírse, pasarlo bien, y creo que la obra lo ofrece.
P. ¿Cuál cree que es el secreto para seguir llenando teatros?
R. No lo sé, habría que preguntárselo al público. De lo que sí estoy seguro es que en el escenario lo doy todo, salgo contento y la gente también. Creo que es una obra que tiene calidad.
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