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viernes, 18 de enero de 2013

La Crítica: Lincoln

En plena crisis de estado, con los telegrafistas echando humo y su grupo de asesores al borde de un ataque de desgobierno, Abraham Lincoln, decimosexto presidente de EE UU, prefirió recordar una vieja batallita antes que dar lecciones de estadista o estratega militar. Así lo cuentaSteven Spielberg y, a juzgar por la precisión documental del relato, hay que creerle. Los que esperaban un biopic laudatorio, se quedarán con un palmo de narices. Y es queLincoln no canoniza al padre de la nación y ni siquiera lo coloca en el centro de la película.
Como ya hiciera en La lista de Schindler o en mayor medida en MunichSpielberg desactiva los a priori más acomodaticios, las leyendas convertidas en Historia, para hacer un examen de lo que sucedió. Cueste lo que cueste, y le cueste lo que le cueste, que diría aquel. Explorando las cloacas de una Casa Blanca embarrada y sin calefacción –¡qué frío debió de pasar Abe en aquel lugar!–, el director encuentra los pilares sobre los que Aaron Sorkin edificó los pasillos del Ala Oeste más de un siglo después. Aquellas viejas intrigas, esos lobbies de presión, los acuerdos con contrapartidas, las vergüenzas democráticas... Todo eso está en Lincoln y no precisamente en estado embrionario, que no hay ni un solo implicado al que no le hayan salido ya los pelos de la barba. La política como arte de lo posible y la democracia como fachada tras la que operar, parece recordarnos un, a nadie debería sorprender ya, maduro y destetado Spielberg.
Si no es complaciente con la leyenda de Lincoln o con la cimentación del sueño americano, el director tampoco lo es con los espectadores de algo que no podrá utilizarse como material escolar de apoyo. Su narración exige al público atención, sutileza, capacidad de relato y conocimientos “grado medio” de la Historia de EE UU. Nunca antes la palabra había tenido tanto peso y poso en la filmografía de Spielberg. Se ahorra los discursitos por los que Oliver Stone habría querido hacer esta película, pero no escatima en discusiones sobre la concepción del modelo de Estado, los mecanismos de la negociación política y la conquista de los derechos civiles.
Y mientras tanto, Lincoln/Day-Lewis –indivisibles desde el primer instante en que el actor aparece en pantalla– vagando como un fantasma en una película en la que hasta su célebre asesinato queda fuera de plano. Con el presidente entre bambalinas pero fuera del escenario, los secundarios de esta obra actúan con la autoridad de protagonistas bajo el guión escrito por el barbudo sin saberlo. Es sin duda el mejor y más extenso reparto como conjunto de una película en muchísimo tiempo. Algunos le darían el Oscar a Tommy Lee Jones por ponerse esa peluca rancia, pero hasta el último tipo con o sin frase de Lincolnentra y sale como un primera figura. La escenografía también recuerda que lo que estamos viendo tiene más de retablo que de cine, que si en 1865 se hubiera contado esta historia se habría hecho de este modo. No es la película que nadie podía esperar. Precisamente por eso es tan buena.
VEREDICTO: Spielberg se pone serio para revolver la historia norteamericana.
MANUEL PIÑÓN

miércoles, 9 de enero de 2013

El maestro es él



Los que se frotaban las manos porque en Hollywood estaban haciendo una película sobre el origen de la Iglesia de la Cienciología se estarán dando de cabezazos contra la pared. Ni una gota de morbo. ¿Acaso esperaban otra cosa de Paul Thomas Anderson? The master es pura trascendencia, pura complejidad, puro cine. ¿La película más complicada de desentrañar desde 2001, una odisea del espacio? Quizá. Por eso aquellos que sacaron entradas para El árbol de la vida junto a la caja de palomitas y luego despotricaron durante meses harían bien en no repetir experiencia. Un lector ocasional o adicto a los best-sellers no prueba en la estantería de Dostoievski, Joyce o Pynchon y dice: “A ver esto qué tal…”. Así que no lo hagan con el cine. No es pose, no es clasismo cultural. Es solo un aviso.
 “Prueba otra vez, fracasa otra vez, fracasa mejor”, escribió Samuel Beckett. Una filosofía vital que podría tener su paralelismo en The master con esta frase inexistente en su relato: “Fornica, fornica más, fornica mejor”. ¿Dos horas y media de metraje reducidos a la batalla entre Eros y Tanatos, al imperio del Ello de Sigmund Freud, a la tiranía de las pulsiones, sobre todo las sexuales, por encima de la moralidad? No, porque The master es mucho más, aunque se abra con un tipo fornicando con una muñeca de arena en la playa y termine en la misma posición. Bueno, no “es”, digamos que “podría ser”, porque aquí nadie tiene la última palabra. Ni el más listo de los espectadores, ni el más listo de los críticos. Sencillamente porque el más listo es Paul Thomas Anderson: el mejor director vivo del mundo desde hace década y media.
The master, retrato oculto de Ron L. Hubbard, creador de la Cienciología, a través de la figura imaginaria de Lancaster Dodd, no cae en la tentación del dibujo personal; tampoco tiene una narrativa tradicional; ni los habituales giros de guión; ni una estructura donde los hechos se concatenan unos con otros. The master es pura pulsión, como la de su protagonista, el fornicador, un pobre tipo cargado de traumas que se convierte en el hijo adoptivo de Dodd. Pura pulsión sentimental, artística, emocional. También una tesis sobre EE UU como país. La tercera tras Magnolia, el mejor cuadro de la sociedad contemporánea que se haya filmado, y Pozos de ambición, estudio dramático sobre los orígenes del capitalismo americano, sobre la retórica del esfuerzo, sobre el triunfo del hombre hecho a sí mismo. Ahora The master elucubra sobre los orígenes de cierta religiosidad americana actual, del creacionismo a la dianética, donde todo se basa en el poder de la mente, en la personalidad que arrastra a las masas, a esos que Lewis Sinclair llamó los babbitts en aquella sátira sobre la vacuidad de la clase media americana llamada precisamente Babbitt. Un Sinclair que ya había retratado a otro Hubbard, a otro Dodd, en Elmer Gantry (adaptada al cine por Richard Brooks en El fuego y la palabra), algo así como el bisabuelo del Tom Cruise de Magnolia.
Anderson es un Sinclair que además de escribir tiene poderes sobrehumanos en su cámara. Capaz de hipnotizar con un plano en principio inocuo. Nadie filma como él. Y además se rodea bien. Jonny Greenwood, guitarrista de Radiohead, vuelve a ser el hijo imposible de Béla Bartók con su partitura. Philip Seymour Hoffman, capaz de dar miedo y dar lástima en apenas un segundo. Y Joaquin Phoenix, un animal salvaje suelto en cada toma. Decían que Anderson, atención, de solo 42 años, era el nuevo Kubrick. Nada. Anderson es solo Anderson. El maestro.

 Fuente: El País

martes, 27 de noviembre de 2012

Cantando bajo la lluvia

Ficha técnica

Dirección: Gene Kelly, Stanley Donen
Guión: Adolph Green, Betty Comden

Reparto:

Gene Kelly             Don Lockwood
Debbie Reynolds    Kathy Selden
Donald O'Connor   Cosmo Brown
Jean Hagen             Lina Lamont
Millard Mitchell       R.F. Simpson
Douglas Fowley      Roscoe Dexter

Productora: Metro-Goldwyn-Mayer (MGM)
Departamento editorial: Henri Jaffa, James Gooch
Departamento musical: Arthur Freed, Conrad Salinger, Gene Kelly, Jeff Alexander, Lennie Hayton, Skip Martin, Stanley Donen, Wally Heglin
Dirección artística: Cedric Gibbons, Randall Duell
Efectos especiales: Irving G. Ries, Warren Newcombe
Fotografía: Harold Rosson
Maquillaje: Sydney Guilaroff, William Tuttle
Montaje: Adrienne Fazan
Sonido: Douglas Shearer
Vestuario: Walter Plunkett

Sinopsis

Don Lockwood es un gran artista del cine mudo junto a su compañera Lina Lamont. Conoce a Kathy Selden una actriz de teatro que le dice que el no es un actor de verdad ya que no usa la voz. Con la llegada del cine sonoro ambos actores Lockwood y Lina tendrán que hacer una película sonora, pero la voz de Lina es un fracaso.

Crítica personal

Un guión original, basado en un hecho real y ambientado en los 30, cuando aparece El cantor de Jazz. Una historia de amor entre 2 actores, uno de ellos conocido y la otra una completa desconocida que me recuerda un poco a ''chica pobre'' conoce a ''chico rico''. Y además de eso género musical.
Por mucho que sea de género musical y cuando menos te lo esperes los personajes se pongan a cantar, nunca pierdes el hilo de la historia ya que el guión esta muy bien estructurado. Además podemos ver un elemento muy interesante, es decir, el metacine, el cine dentro del cine.
La interpretación de los 2 es maravillosa, Debbie Reynolds con tan solo 19 añitos nos transmite una ternura increíble en todas las escenas, y un gran Gene Kelly demostrando sus aptitudes para el baile y el canto. Se dice que Gene Kelly ayudaba horas y horas a Debbie Reynolds a mejorar sus pasos de baile, porque ella nunca había practicado.
Donald O'Connor -que ya había participado como bailarín en más de un film- se sale en todas sus escenas de baile junto a Gene Kelly, destacan sus pasos de claque, lo hacen tan bien que incluso parece fácil. Yo misma he estado en frente de la televisión intentando imitar los pasos.
Y Jean Hagen, que hace que la odies desde el primer momento que abre la boca hasta que por fin es humillada.






lunes, 26 de noviembre de 2012

Crítica Vértigo de Alfred Hitchcock


VÉRTIGO 1958 ALFRED HITCHCOCK

Ficha técnica

Dirección: Alfred Hitchcock

Reparto:
James Stewart                 Scottie
Kim Novak                     Madeleine
Barbara Bel Geddes        Midge
Tom Helmore                  Gavin Elster
Henry Jones                    Juez de instrucción
Raymond Bailey              Medico de Scottie
Ellen Corby                     Encargado del hotel      
Konstantin Shayne           Pop Leibel

Guión: Alec Coppel, Samuel A. Taylor
Productora: Paramount Pictures, Alfred J. Hitchcock Productions
Departamento editorial: Richard Mueller
Departamento musical: Muir Mathieson
Dirección artística: Hal Pereira, Henry Bumstead
Efectos especiales: Farciot Edouart, John P. Fulton, W. Wallace Kelley
Efectos visuales: Chris Bushman, Mike Glickman
Fotografía: Robert Burks
Maquillaje: Nellie Manley, Wally Westmore
Montaje: George Tomasini
Música: Bernard Herrmann
Novela original: Pierre Boileau, Thomas Narcejac
Producción asociada: Herbert Coleman
Sonido: Albert Romero, Bob McNabb, Charlie Ajar Jr., Daniel J. Leahy, Harold Lewis, Harry E. Snodgrass, Laura Macias, Michael C. Casper, Richard LeGrand Jr., Samuel Webb, Sharon Michaels, Walter Spencer, William Hooper, William Jacobs, Winston H. Leverett
Vestuario: Edith Head

Sinopsis

Tras ver como un compañero suyo cae al vacío desde una gran altura, Scottie -detective de la policía- comienza a padecer vértigo y se retira. Después de saber la noticia, un antiguo amigo suyo, Galvin Ester lo llama y lo contrata para que siga a su esposa. A partir de aquí comienza la historia cuando el detective empieza a pensar que Madeleine podría ser poseída por un fantasma.


Crítica Personal (CONTIENE SPOILERS)

Comienza de manera muy interesante, con la imagen del ojo, es decir no ha empezado la película y ya te ha atrapado. Esos primeros giros, parece que te hipnotizan. El comienzo engancha al espectador desde el primer momento, parece que va a ser una historia de detectives en la que tenemos que descubrir al asesino. Pero de repente el asesino ya se nos da, el asesino es un fantasma, Carlota, y vemos como va metiéndose dentro del cuerpo de Madeleine, esas secuencias tan 'fantasmagóricas' como las del bosque y cuando ella se intenta suicidar la primera vez.
Entonces la película parece pasar a ser una película de amor, Scottie y Madeleine se enamoran y el intenta atar cabos -como buen detective- para liberarla, pero ella parece irse. Y finalmente se suicida.
El espectador se encuentra ahora anonadado, estamos en mitad de la película y no sabemos en que se va a convertir porque Scottie solo está destrozado y Madeleine muerta, Carlota ha podido con ella. Y aparece Judy, y pienso, esto va a ser la misma historia, Madeleine estará en el cuerpo de Judy como Carlota en el de Madeleine, y todo parece dar un cambio.
Y en ese momento, GIRO DE GUIÓN, nada es lo que parece, Judy no es lo que parece y Scottie no se ha enterado de nada, magnifico.Hitchcock nos ha engañado, nos ha hecho creernos todo, nos hemos convertido en Scottie, pero ya no lo somos, ya sabemos la verdad, ahora queremos que Scottie la sepa, y mientras vemos como Judy se va perdiendo así misma y como Scottie no descubre nada empezamos a desesperarnos, hasta que llega, aparece el collar y entonces Scottie ata todos los cabos.
Y surge entonces ese final que parece un castigo divino.

martes, 30 de octubre de 2012

El apartamento, Billy Wilder

Si puede ser escrito, o pensado, puede ser filmado.




El apartamento, una película de Billy Wilder, en ésta se nos presenta a un protagonista: Baxter, un hombre cuyo único fin en la vida parece ser ascender de puesto en su empresa, por ello, presta su apartamento a varios de sus mayoritarios para así conseguir buenas recomendaciones. Baxter es como su apartamento: algo muy pequeño en una gran ciudad, lo mismo le pasa a el en la empresa.

La protagonista femenina, Franc, parece a simple vista una mujer de la época, una chica muy respetable, en la película se menciona que no sale con nadie de la empresa. Aunque pronto descubrimos una doble cara, ya que resulta mantener una relación con el jefe, que está casado.

Nos encontramos con una tragicomedia, puesto que tiene elementos de comedia como la escena en la que Baxter va a su apartamento, y su vecino médico lo para, y le dice que con todos los vicios y mujeres que lleva a cabo, acabará muerto. Por lo que le sugiere donar su cuerpo a la ciencia. Y drama, que se nos presenta en el desamor de los 2 protagonistas.

El mensaje claro de la película es: EL DINERO NO DA LA FELICIDAD.

Por último sugerimos que comentéis que os ha parecido el film.