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miércoles, 9 de enero de 2013

La película sobre la caza de Bin Laden reabre el debate sobre la tortura de la CIA



La noche más oscura, una de las producciones más esperadas del año, abre con una larga secuencia de tortura. En una cárcel secreta de la CIA en Pakistán, se somete a un hombre llamado Ammar (Reda Kateb) a todo tipo de vejaciones. Ensangrentado, se ve desvestido, atado del techo y privado de sueño con música atronadora. Después de ser sometido a ahogamiento fingido y de ser encerrado en una caja ataúd, Ammar le ruega a la protagonista, la agente Maya (Jessica Chastain), que le ayude. “Te puedes ayudar a ti mismo diciendo la verdad”, le responde ella.
Esa verdad llega en forma de revelación después de la tortura. Acabado el calvario, Amman le ofrece a la CIA un nombre: Abu Ahmed Al Kuwaiti, quien resulta ser el mensajero de Osama Bin Laden, clave para que los Navy SEAL lleguen al complejo de Abottabad donde este se refugia.
La noche más oscura es una película de yuxtaposiciones. Abre con los gritos de las víctimas de los ataques de septiembre de 2011, atrapados en las Torres Gemelas. De allí se pasa a la tortura, que en el guión emerge como una venganza. Es más: la narrativa facilita que el espectador no sienta repulsión ante los abusos, porque, finalmente, de ellos emerge la pista que lleva hasta el líder de Al Qaeda.
“La película justifica la tortura. La directora invierte una exorbitante cantidad de tiempo mostrándola, no como si fuera un instrumento más de la CIA, sino como el instrumento dominante”, asegura Karen Greenberg, directora del Centro de Seguridad Nacional en la Universidad de Fordham. “Y en realidad, ¿fue la tortura necesaria para llegar a Bin Laden? No. Ese programa de interrogatorios no llevó a Bin Laden. Y de hecho fue Barack Obama, al llegar a la presidencia en 2009, quien hizo de cazar a Bin Laden una prioridad. Para entonces, ese programa de interrogatorios ya era historia”.
La directora, Kathryn Bigelow, y el guionista, Mark Boal, ambos también responsables del éxito de 2008 En tierra hostil, han negado que la película argumente que la tortura emprendida por la CIA durante los años de George W. Bush llevara a la muerte y captura de Bin Laden. Pero muchos de los que la han visto en EE UU, y saben algo de la CIA y sus modos, se permiten disentir. Entre ellos se hallan algunos de los senadores que más saben de inteligencia en el Capitolio.
“La CIA no supo de la existencia del mensajero de Osama Bin Laden por detenidos sometidos a técnicas de interrogación coercitiva”, aseguran Carl Levin, John McCain y Diane Feinstein, miembros del Comité de Inteligencia del Senado, en una carta enviada esta semana al director en funciones de la Agencia, Michael Morrell. “Ningún detenido de la CIA informó del verdadero nombre y la localización específica del mensajero, y ningún detenido identificó el complejo en que Osama Bin Laden se escondía”.
Dos días después de tomar posesión de su cargo, en enero de 2009, Obama ordenó el final de la existencia de cárceles secretas y de la tortura en la Agencia. El programa, en realidad, lo había anulado Bush en 2006. Obama dijo que su Gobierno no perseguiría a aquellos agentes que se habían limitado a obedecer órdenes de los asesores legales de la Administración previa. En la película de Bigelow, esos agentes cumplen esas órdenes con un aplicado esmero.
“La película se toma significantes licencias artísticas, aunque se define como históricamente rigurosa”, dijo Morrell, el actual director de la Agencia en funciones, en una carta a sus empleados. “Quiero que sepan que La noche más oscura es una dramatización, no un reflejo realista de los hechos. La CIA cooperó con los cineastas a través de su Oficina de Asuntos Públicos, pero, como sucede con todos los productos de entretenimiento con los que cooperamos, no tenemos control sobre el producto final”.
A Morrell, como a diversos miembros de la Administración Obama y destacados legisladores que se han opuesto tradicionalmente a la tortura, les interesa dejar claro que el programa de torturas fue una mancha, algo de lo que olvidarse, y no el motivo por el que el terrorista más buscado yace muerto en el fondo del océano.
Aquellos que, bajo Bush, hicieron posible los interrogatorios coercitivos disienten, diciendo que funcionaron, pero que caracterizarlos como tortura es una exageración. Es el caso de José Rodríguez, quien, dentro de la CIA, dirigió el Centro Antiterrorista y el Servicio Nacional Clandestino, hasta 2007. “La verdad es que nadie resultó ensangrentado o fue golpeado en el programa de interrogatorios mejorados que yo supervisé”, dijo en una reciente tribuna en el diario The Washington Post. (Esa expresión, “interrogatorios mejorados”, es la que suelen emplear aquellos que los ampararon o ejecutaron). “La primera información sustancial sobre el mensajero llegó en 2004, de un detenido que fue sometido a interrogatorios mejorados pero que no sufrió el ahogamiento fingido”, añadió Rodríguez.
Tanto la película como aquellos que diseñaron el programa de interrogatorios de la CIA asumen ahora un revisionismo que en realidad obvia que Bin Laden cayó en 2011, justo dos años después de que Obama hiciera su prioridad encontrarle donde se hallara, y de que Bush hubiera abandonado la Casa Blanca.


Fuente: El País

jueves, 20 de diciembre de 2012

El trauma de una actriz frente a las torturas a Bin Laden



  Rodar envuelta en dolor, tragedia y tortura superó emocionalmente en varias ocasiones a la actriz protagonista de La noche más oscura (Zero Dark Thirty), Jessica Chastain. El argumento de la película narra la captura y posterior muerte de Osama Bin Laden en Pakistán y la actriz interpreta a una agente de la CIA. Chastain ha reconocido que en algunas escenas de interrogatorios, como en las que torturaba a los sospechosos con métodos como el ahogamiento simulado, tuvo que "parar, porque afectaba" a sus emociones. "A veces necesitaba un descanso", explicó la actriz en la cadena estadounidense ABC. "Un día me tuve que ir a la parte de atrás del edificio y gritar durante 10 minutos. Llegué a llorar. Era insoportable".
Chastain -que fue nominada al Oscar a la mejor actriz de reparto por su papel en The Help- al principio llegó a pensar que no podría con el papel, "que no daría la talla". "Incluso cuando leí el guion pensé: ¿Cómo puede pensar Kathryn Bigelow que yo puedo hacer esto?", reflexionó la actriz en la entrevista.
Pero la directora ha sido enfática: "No imagino a nadie más en el papel", afirmó durante el rodaje. "Jessica tiene una formación clásica que hace que esté preparada para un guion muy extenso y para un personaje tan complejo como el de Maya", añadió. Y parece que no se equivocó. La actriz californiana de 29 años ya ha sido nominada por esta interpretación a un Globo de Oro y a los Premios del Sindicato de Actores.
El coprotagonista de Chastain en la película, Jason Clarke (Free, 2000), también ha subrayado la intensidad del rodaje. "Había mucha presión para hacerlo bien, con honestidad, integridad y compromiso. Nos ha ayudado mucho el guion escrito por Mark Boal, periodista de investigación que participó también en En tierra hostil", ha explicado este actor australiano. Para escribir el relato, el guionista se basó en entrevistas con personas que estuvieron involucradas en la misión que llevó a la muerte de Bin Laden el 1 de mayo de 2011.
Sus arduas investigaciones han causado que Boal haya sido objeto de muchas críticas en cuanto al uso que le dio a los datos proporcionados por el Gobierno de EE UU para la consecución de la trama. "No sé por qué ha habido tanto revuelo, estamos acostumbrados a manejar la información con cautela y no poner a nadie en peligro", ha sostenido Boal en más de una ocasión. "Creo que, en parte, las críticas se han intensificado debido a que el rodaje ha sucedido justo en un año electoral", ha añadido. Así y todo, el elenco de Zero Dark Thirty insiste en que en la película no se trata de ajustar cuentas. "Esto no es una pieza política", ha dicho Clarke. "Simplemente se trata de una narración de los hechos de la misión que acabó con Bin Laden”
A pesar de la dureza del rodaje y de las continuas críticas vertidas sobre el filme antes de su estreno, Chastain confía en que la película obtenga una buena respuesta de los espectadores. La actriz tuvo que mantener en secreto que iba a interpretar el papel durante un año, por requisitos de la productora. "Fue difícil, pero ha merecido la pena", reconoce ahora. "Es una primicia y eso va a llamar la atención de muchos espectadores. Yo creo que la gente tiene la sensación de que es una película de la que se va a hablar mucho, por lo que quien no la vea, se puede sentir excluido". Buenas perspectivas que no tendrán cifras reales hasta dentro de unas semanas.

Fuente: El País

Infancia Clandestina



En la cabeza de un niño, los pinchos de una rosa pueden convertirse en escalones para trepar hasta la flor, y los cantos que hacen tropezar en el camino, en plataformas por las que saltar a zancadas. También la violencia, los disparos y las bombas adquieren la capacidad de transmutarse en otra clase de recuerdos, quizá coloridos de lápiz y tinta, ordenados en viñetas que se suceden como ajenas a uno, ajenas al mundo. En ese transitorio universo de imaginación vive Juan, el joven protagonista de la película del año en Argentina —o la película argentina del año—, que se estrena este viernes en las salas españolas. Se trata de Infancia clandestina, sobre los recuerdos de un hijo de Montoneros, protagonizada por Natalia Oreiro, Ernesto Alterio, César Troncoso y Teo Gutiérrez Moreno.
Basado (con licencias) en la niñez de su director, Benjamín Ávila, que rubrica su ópera prima, el filme, ganador de 10 premios Sur (entiéndanse como los goyas argentinos) y precandidato al Oscar de habla no inglesa, se adentra en un periodo de la historia del país sudamericano que, quizá por reciente y peliagudo, pocos se han atrevido a tocar en la gran pantalla. Al menos no desde el punto de vista en que este lo hace: el de una familia de Montoneros, los guerrilleros armados que se identificaban con la izquierda peronista, y su lucha no solo por su defender su patria, sino su ideal de vida. “Hay una tendencia de no aceptar la historia como propia porque son lugares en los que es mejor no entrar”, señala Ávila. “Pero esos son en realidad los lugares en los que el cine debe entrar, porque aportan información a las nuevas generaciones y ponen en tema cosas que la sociedad debe tener en cuenta”.
Es 1979, y una joven pareja regresa subrepticiamente a Argentina desde el exilio con sus dos hijos, una bebé y su hermano de 12 años, Juan. Solo que él ya no se llama Juan, sino Ernesto. Obligado a vivir bajo una identidad inventada, el chaval, en pleno tránsito de la niñez a la adolescencia, se ve forzado a estrenarse en las lides del amor desde la mentira, el miedo y la represión.
Si su pasaporte falso dice que su cumpleaños es en octubre, tiene que celebrarlo ese día. Y si se oyen ruidos extraños, debe correr a esconderse en un refugio secreto. “Yo tenía muy claro de siempre la historia que quería contar”, dice el director (Buenos Aires, 1972), “y a partir de eso me basé en lo que viví con mis hermanos cuando éramos chicos y construí una historia verosímil”.
Verosímil, en cualquier caso, no significa real: “Eso no existe”. Por eso, porque la verdad es territorio estrictamente personal, el pequeño Juan lleva la parte más violenta de sus vivencias a un mundo de ensoñación. Literalmente: los recuerdos más duros se intercalan como cine de animación. “No te das cuenta de lo que está pasando en ese momento, pero como son dibujos que representan la realidad, esa realidad es la que cada uno de los espectadores está viendo”. Las convicciones y los sentimientos, además, escriben tantas historias como hay personas: “Está mal tomado que la política es una cosa y las emociones son otra, por eso la película viene a revalorizar aquella época donde la vida y las ideas eran una sola cosa, y la conciencia del otro era muy grande”.
Paradigmático de esa vocación de dar lugar a un relato sobre la “política de las emociones” es el personaje del tío Beto, el hombre-niño, el idealista al que le sobra ilusión pero carece de la medida de la gravedad de las situaciones, y que aunque nunca tuvo un capítulo en la biografía de Benjamín Ávila, sí lo tiene en la de Juan. “Es un personaje muy especial”, dice Ernesto Alterio, quien le da vida, “es alguien que encarna aquello por lo que lucha, la libertad, en cada segundo de su existencia, y su compromiso pasa por su actitud ante la vida y lo que está haciendo”.
Si la película ha sido encumbrada ya casi como “obra de culto” en Argentina, dice Alterio, es porque ha dado con las cantidades perfectas de la receta: “Es una historia de amor, es una película histórica, tiene momentos de humor, estilísticamente es muy novedosa, y todos esos elementos confluyen de una manera que a mí, que ya he trabajado en alguna, me parece que es muy raro que pase, como un milagro”.

Fuente: El País

miércoles, 19 de diciembre de 2012

B.S.O- La misión

Sobre el último post en el que hablamos de La misión, también recomendamos escuchar su banda sonora, de Ennio Morricone, compositor de la banda sonora de más de 500 películas. La banda sonora de esta película te traslada donde te tiene que trasladar, te sientes realmente uno más como si lo vivieses dentro. El tema Guaraní es el que nos traslada a esa selva, y al peligro que se vive en ella. La música suelen ser muchas veces las mismas notas pero con fondos musicales distintos. La película ganó gracias a esta banda sonora un Globo de Oro.
Pero el tema que define la película y nos llega en todo momento es Gabriel's Oboe.


Hoy recomendamos...


La misión de Roland Joffé protagonizada por Robert De Niro y Jeremy Irons.

Sinopsis

El Padre Gabriel (Jeremy Irons) es aceptado por los indios y crea la misión San Carlos en la jungla de Sudamérica, a él se une Rodrigo de Mendoza (Robert de Niro) un mercader de esclavos y mercenario; que arrepentido tras haber asesinado a su hermano, por ser el amante de su mujer; se convierte en jesuita. Como consecuencia del Tratado de Madrid, los jesuitas con convocados ante el Papa para decidir el destino de las misiones, ya que ese territorio pertenece ahora a Portugal.


Opinión personal

Que la sinopsis no os engañe, esta película no habla sobre el catolicismo. Sino sobre la igualdad. Comienza con los guaraníes y el padre Gabriel tocando la música, vemos unas escenas y de repente suena la flauta de Gabriel (Gabriel’s Oboe). La música, elemento muy importante en esta película. Todo se para y nos cuenta la historia de Rodrigo Mendoza.
Las escenas en las que aparecen los guaraníes son las que realmente emocionan, te hacen pensar en lo egoísta que es el ser humano, en que siempre queremos más. En la gente que es feliz con poco y en lo materialistas que somos.
Hay películas que te devuelven la fe en el ser humano y a mí, al menos durante una hora me la ha devuelto. He pensado que hay gente que lucha por lo que quiere, que es mejor morir de pie que vivir siempre arrodillado. Que no todo el mundo abandona sus valores, el padre Gabriel muere con ellos cuando podría haber sobrevivido. Además me he encontrado con un libro que he leído Las venas abiertas de América Latina que cuenta como los españoles, portugueses, griegos, italianos, estadounidenses, en definitiva, todos, hemos robado lo que hemos podido del nuevo mundo. Pienso leerme ese libro de nuevo escuchando la banda sonora. En fin, me ha encantado.
 



Trailer