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miércoles, 9 de enero de 2013

San Sebastián, cantera del Goya



El Festival de Cine de San Sebastián ha destacado las 51 nominaciones a los Premios Goya logradas por nueve filmes presentados en la pasada edición del certamen, aunque la mayoría las acaparan los tres proyectados en la Sección Oficial: Blancanives, El artista y la modelo y Lo imposible.
Los dos primeros compitieron por la Concha de Oro y suman 31 candidaturas; Blancanieves, 18, y El artista y la modelo, 13, entre ellas la de mejor película y la mejor director para Pablo Berger y Fernando Trueba. Ambas lograron un puesto en el palmarés del Festival donostiarra, ya que Blancanieves, protagonizada por la nominada al Goya Maribel Verdú, se hizo con el Premio Especial del Jurado y El artista y la modelo, que también ha conseguido candidatura para la actriz Aida Folch, con la Concha de Plata al Mejor Director.
Lo imposible, que acudió a la Sección Oficial del Zinemaldia fuera de concurso, ha logrado 14 nominaciones, que incluyen también la de mejor película y mejor director para Juan Antonio Bayona.
A los Goya, cuya entrega tendrá lugar el 17 de febrero, optan también el actor José Sacristán, que ganó la Concha de Plata al Mejor Actor por El muerto y ser feliz, de Javier Rebollo, mientras que Penélope Cruz es candidata a mejor actriz por Volver a nacer, con la que el italiano Sergio Castellitto concursó en San Sebastián.
Además, tres de las cuatro películas candidatas al Goya a la Mejor Película Iberoamericana también fueron presentadas en la última edición del Festival: 7 cajas, de Juan Carlos Maneglia y Tania Schembori; Infancia clandestina, de Benjamín Ávila, que ganó el Premio Casa América en Cine en Construcción 2011; y Después de Lucía, de Michel Franco. Y la triunfadora del 60 Festival de San Sebastián, En la casa, de Franois Ozon, compite por el Goya a la Mejor Película Europea con otros dos títulos que fueron proyectados en la 59 edición: Intocable, de Eric Toledano y Olivier Nakache, y Shame, de Steve McQueen


‘Blancanieves’, gran favorita para los Goya con 18 nominaciones


Esta mañana, la lectura de seleccionados no ha deparado grandes sorpresas. Eso sí, la Academia por fin hace caso a los actores extranjeros que participan en películas españolas, y Lo imposible tiene a Ewan McGregor, Naomi Watts y Tom Holland como candidatos a mejores intérprete protagonista, actriz protagonista y actor revelación. Los directores de las cuatro favoritas también compiten por su categoría: Pablo Berger (Blancanieves), Alberto Rodríguez (Grupo 7), Juan Antonio Bayona (Lo imposible) y Fernando Trueba (El artista y la modelo). En dirección novel están Paco León (Carmina o revienta), Enrique Gato (Tadeo Jones) –por primera vez un director de animación entra en esta categoría-, Isabel de Ocampo (Evelyn) y Oriol Paulo (El cuerpo).
Varias curiosidades tras la lectura: la familia León Barrios ha hecho triplete (el hijo dirección, María León como secundaria y Carmina Barrios, la madre, como revelación); Antonio de la Torre es doble candidato como secundario por Invasor y como protagonista por Grupo 7, y ha habido empates en los votos, con lo que en los apartados a montaje y guion adaptado hay cinco candidaturas. Los Goya se entregarán el 17 de febrero en el hotel Auditorium, tras clausurar el Ayuntamiento de Madrid el habitual Palacio de Congresos del Campo de las Naciones, en una gala presentada por Eva Hache.
Contra Antonio de la Torre compiten a mejor actor Daniel Giménez-Cacho (Blancanieves), Jean Rochefort (El artista y la modelo), y José Sacristán (El muerto y ser feliz). Es la primera vez que un clásico como Sacristán aspira a un goya. De la Torre aseguraba que solo esperaba ser candidato por Grupo 7 y que le sorprendió la de Invasor: “Hacer cine ya es un premio”. A su lado José Antonio Félez, el productor del filme, aseguró que estaban encantados: se habían propuesto a 18 premios y han sido candidatos a 16. El thriller ha logrado en taquilla 2.400.000 euros, y esperan reestrenarla. “Es buena cifra, pero esperábamos más”.
En el apartado a mejor actriz compiten Maribel Verdú (Blancanieves), Penélope Cruz (Volver a empezar), Aida Folch (El artista y la modelo) y Naomi Watts (Lo imposible).
La tricandidata familia León se ha presentado en la Academia con los hijos: María León como actriz secundaria (lo ganó el año pasado por La voz dormida) y Paco León (dirección novel). De sí mismos dijeron: “Ya nos hemos 'revelado’ toda la familia”. De su madre: “No cabe en sí de gozo, bueno, normalmente no cabe [risas]. Se lo hemos dicho y nos ha preguntado: ‘¿Es importante?’. ¡Claro que lo es!”. Contra María León a actriz secundaria compiten Ángela Molina (Blancanieves), Chus Lampreave (El artista y la modelo) y Candela Peña (Una pistola en cada mano). Paco León aseguró que repetirá su novedoso sistema de distribución –lanzamiento simultáneo en DVD, salas en Internet- si volviera a dirigir una película de este estilo. “Depende de lo que realizara. Pero creo que los académicos han valorado nuestra labor, no nuestra distribución. Y mi candidatura… tiene mucho mérito, porque había casi medio centenar de óperas primas. Me llena de orgullo y satisfacción”.
Ibon Cormenzana, el productor, y Pablo Berger, director, presentaron Blancanieves: “Estamos muy, muy contentos. Nos presentamos a 18 posibles estatuillas y hemos salido en 18. Ha sido un camino muy, muy largo de ocho años, y el esfuerzo ha sido reconocido”. Cormenzana espera más alegrías en su recorrido internacional: “La hemos vendido en muchos países, y en dos semanas estrenamos en Francia. Creo que nos hemos beneficiado del éxito de The artist. En España llevamos recaudados casi un millón de euros”. En cuanto a sus rivales, Berger recordó que la industria española es pequeña –“somos todos amigos”-, y que el resto son igual de fuertes: “Lo imposible me parece también una película de autor”. Y confesó: “El cine debe de ser riesgo, y creo que todas las candidatas son de riesgo. Hacer cine en España ya es de riesgo”. De su reparto, además de la mencionada Verdú, José María Pou compite a mejor secundario contra Julián Villagrán (Grupo 7), De la Torre (Invasor) y McGregor (Lo imposible); Emilio Gavira en actor revelación está contra Alex Monner (Los niños salvajes), Joaquín Núñez (Grupo 7) y Tom Holland (Lo imposible); y Macarena García en actriz revelación compite contra Barrios, Cati Solivellas (Los niños salvajes) y Estefanía de los Santos (Grupo 7). La película sumará este próximo viernes 40 copias más a las que aún están en cartel. “Me apetece conocer al maestro Jean-Claude Carrière, coguionista de El artista y la modelo con Trueba… Y confieso”, remató Berger, “que ahora sí, iré a ver The artist”. A guion original, además de los reseñados, está el equipo de Grupo 7 y Sergio G. Sánchez por Lo imposible.
Fernando Trueba, experto ya en estas lides y el director más veterano de los candidatos con El artista y la modelo, estuvo de acuerdo con la idea de riesgo lanzada por Berger. “Hay que defender el cine. Un país sin cine es un país mutilado. En general, los poderes quieren jodernos la alegría. En fin, volviendo al cine, durante 30 años seguimos con la idea de copiar la Ley francesa del cine y seguimos sin hacerlo, y hasta Argentina la ha usado. Seguimos siendo los más tontos”. En cuanto a los Goya, se declaró “un poco autista ante estas cosas, aunque sí me alegro mucho de la candidatura de Aida Folch”, que estaba sentada a su lado. La actriz comentó: “Yo solo quería estar a la altura de la segunda oportunidad que me daba Trueba, que me pidió incluso aprender un idioma”.
A guion adaptado compiten Fin (con lo que Sergio G. Sánchez, coescritor de este filme, repite en los dos apartados de libreto), Invasor, Todo es silencio y Las aventuras de Tadeo Jones (segunda vez que una película de animación llega a este apartado, tras Arrugas, que además ganó el año pasado).
Tres de los cuatro productores de Lo imposible (Álvaro Augustín, Belén Atienza y Ghislain Barrois) hablaron de su felicidad, de que todos sus técnicos sean candidatos, y recordaron a la familia Belón, “los auténticos protagonistas de la historia”. En cuanto a que sus tres actores, británicos que interpretan en inglés, estén nominados, valoraron “felizmente” el hecho que se haya roto este tabú. En EE UU han salido con 14 copias en 7 ciudades, este pasado fin de semana subieron a 500 y la que viene llegan a 700. “Vamos muy bien”, contó Augustín, “pero, claro, competimos con filmes de 4.000 copias, que luchan por los Oscar”. En Reino Unido por poco no ha sido número uno este pasado fin de semana de su estreno. “Se ha estrenado en 15 países”, contó Atienza y completó Augustín: “Estamos a punto de llegar a 42 millones de euros en España”. Y Barrois apostó: “Nuestro objetivo es superar los seis millones de entradas”.
José Sacristán, primera vez candidato al Goya, recordó que es uno de los fundadores de la Academia. “Aún recuerdo el día que Alfredo Matas nos llamó a una decena para juntarnos en un restaurante y hablar de ello”. En la primera edición no fue seleccionado, aunque participaba en la ganadora El viaje a ninguna parte, de Fernando Fernán-Gómez. “Mi maestro y amigo Fernán-Gómez ya me dijo: ‘Han sido cicateros contigo’. Bueno, no sé. En realidad estas décadas he trabajado mucho más en teatro que en cine. Y el resentimiento es muy malo para el hígado”. Con cincuenta años de profesión, ahora protagonista de El muerto y ser feliz y de Madrid, 1987 (“tan distintas y también tan arriesgadas”), aseguró: “Esto no es una competición como el salto con pértiga. Lo importante es encadenar trabajos. Y no me quejo. Eso sí, por supuesto que me gustan los premios, como la Concha de Plata que me llevé por esta película, El muerto y ser feliz. Además está la felicidad de volver a rodar en Argentina, porque yo soy mitad de Chinchón, mitad de Bariloche, y de convertirme en amigo de un tal Javier Rebollo [director de la película”. Recordó con cariño a Concha Velasco, el Goya de Honor, que también recibe esta estatuilla por primera vez. “Somos muy amigos, nos queremos, respetamos y admiramos. Venimos ambos de una generación de cómicos hechos a pie de calcetín”.

La película sobre la caza de Bin Laden reabre el debate sobre la tortura de la CIA



La noche más oscura, una de las producciones más esperadas del año, abre con una larga secuencia de tortura. En una cárcel secreta de la CIA en Pakistán, se somete a un hombre llamado Ammar (Reda Kateb) a todo tipo de vejaciones. Ensangrentado, se ve desvestido, atado del techo y privado de sueño con música atronadora. Después de ser sometido a ahogamiento fingido y de ser encerrado en una caja ataúd, Ammar le ruega a la protagonista, la agente Maya (Jessica Chastain), que le ayude. “Te puedes ayudar a ti mismo diciendo la verdad”, le responde ella.
Esa verdad llega en forma de revelación después de la tortura. Acabado el calvario, Amman le ofrece a la CIA un nombre: Abu Ahmed Al Kuwaiti, quien resulta ser el mensajero de Osama Bin Laden, clave para que los Navy SEAL lleguen al complejo de Abottabad donde este se refugia.
La noche más oscura es una película de yuxtaposiciones. Abre con los gritos de las víctimas de los ataques de septiembre de 2011, atrapados en las Torres Gemelas. De allí se pasa a la tortura, que en el guión emerge como una venganza. Es más: la narrativa facilita que el espectador no sienta repulsión ante los abusos, porque, finalmente, de ellos emerge la pista que lleva hasta el líder de Al Qaeda.
“La película justifica la tortura. La directora invierte una exorbitante cantidad de tiempo mostrándola, no como si fuera un instrumento más de la CIA, sino como el instrumento dominante”, asegura Karen Greenberg, directora del Centro de Seguridad Nacional en la Universidad de Fordham. “Y en realidad, ¿fue la tortura necesaria para llegar a Bin Laden? No. Ese programa de interrogatorios no llevó a Bin Laden. Y de hecho fue Barack Obama, al llegar a la presidencia en 2009, quien hizo de cazar a Bin Laden una prioridad. Para entonces, ese programa de interrogatorios ya era historia”.
La directora, Kathryn Bigelow, y el guionista, Mark Boal, ambos también responsables del éxito de 2008 En tierra hostil, han negado que la película argumente que la tortura emprendida por la CIA durante los años de George W. Bush llevara a la muerte y captura de Bin Laden. Pero muchos de los que la han visto en EE UU, y saben algo de la CIA y sus modos, se permiten disentir. Entre ellos se hallan algunos de los senadores que más saben de inteligencia en el Capitolio.
“La CIA no supo de la existencia del mensajero de Osama Bin Laden por detenidos sometidos a técnicas de interrogación coercitiva”, aseguran Carl Levin, John McCain y Diane Feinstein, miembros del Comité de Inteligencia del Senado, en una carta enviada esta semana al director en funciones de la Agencia, Michael Morrell. “Ningún detenido de la CIA informó del verdadero nombre y la localización específica del mensajero, y ningún detenido identificó el complejo en que Osama Bin Laden se escondía”.
Dos días después de tomar posesión de su cargo, en enero de 2009, Obama ordenó el final de la existencia de cárceles secretas y de la tortura en la Agencia. El programa, en realidad, lo había anulado Bush en 2006. Obama dijo que su Gobierno no perseguiría a aquellos agentes que se habían limitado a obedecer órdenes de los asesores legales de la Administración previa. En la película de Bigelow, esos agentes cumplen esas órdenes con un aplicado esmero.
“La película se toma significantes licencias artísticas, aunque se define como históricamente rigurosa”, dijo Morrell, el actual director de la Agencia en funciones, en una carta a sus empleados. “Quiero que sepan que La noche más oscura es una dramatización, no un reflejo realista de los hechos. La CIA cooperó con los cineastas a través de su Oficina de Asuntos Públicos, pero, como sucede con todos los productos de entretenimiento con los que cooperamos, no tenemos control sobre el producto final”.
A Morrell, como a diversos miembros de la Administración Obama y destacados legisladores que se han opuesto tradicionalmente a la tortura, les interesa dejar claro que el programa de torturas fue una mancha, algo de lo que olvidarse, y no el motivo por el que el terrorista más buscado yace muerto en el fondo del océano.
Aquellos que, bajo Bush, hicieron posible los interrogatorios coercitivos disienten, diciendo que funcionaron, pero que caracterizarlos como tortura es una exageración. Es el caso de José Rodríguez, quien, dentro de la CIA, dirigió el Centro Antiterrorista y el Servicio Nacional Clandestino, hasta 2007. “La verdad es que nadie resultó ensangrentado o fue golpeado en el programa de interrogatorios mejorados que yo supervisé”, dijo en una reciente tribuna en el diario The Washington Post. (Esa expresión, “interrogatorios mejorados”, es la que suelen emplear aquellos que los ampararon o ejecutaron). “La primera información sustancial sobre el mensajero llegó en 2004, de un detenido que fue sometido a interrogatorios mejorados pero que no sufrió el ahogamiento fingido”, añadió Rodríguez.
Tanto la película como aquellos que diseñaron el programa de interrogatorios de la CIA asumen ahora un revisionismo que en realidad obvia que Bin Laden cayó en 2011, justo dos años después de que Obama hiciera su prioridad encontrarle donde se hallara, y de que Bush hubiera abandonado la Casa Blanca.


Fuente: El País

El maestro es él



Los que se frotaban las manos porque en Hollywood estaban haciendo una película sobre el origen de la Iglesia de la Cienciología se estarán dando de cabezazos contra la pared. Ni una gota de morbo. ¿Acaso esperaban otra cosa de Paul Thomas Anderson? The master es pura trascendencia, pura complejidad, puro cine. ¿La película más complicada de desentrañar desde 2001, una odisea del espacio? Quizá. Por eso aquellos que sacaron entradas para El árbol de la vida junto a la caja de palomitas y luego despotricaron durante meses harían bien en no repetir experiencia. Un lector ocasional o adicto a los best-sellers no prueba en la estantería de Dostoievski, Joyce o Pynchon y dice: “A ver esto qué tal…”. Así que no lo hagan con el cine. No es pose, no es clasismo cultural. Es solo un aviso.
 “Prueba otra vez, fracasa otra vez, fracasa mejor”, escribió Samuel Beckett. Una filosofía vital que podría tener su paralelismo en The master con esta frase inexistente en su relato: “Fornica, fornica más, fornica mejor”. ¿Dos horas y media de metraje reducidos a la batalla entre Eros y Tanatos, al imperio del Ello de Sigmund Freud, a la tiranía de las pulsiones, sobre todo las sexuales, por encima de la moralidad? No, porque The master es mucho más, aunque se abra con un tipo fornicando con una muñeca de arena en la playa y termine en la misma posición. Bueno, no “es”, digamos que “podría ser”, porque aquí nadie tiene la última palabra. Ni el más listo de los espectadores, ni el más listo de los críticos. Sencillamente porque el más listo es Paul Thomas Anderson: el mejor director vivo del mundo desde hace década y media.
The master, retrato oculto de Ron L. Hubbard, creador de la Cienciología, a través de la figura imaginaria de Lancaster Dodd, no cae en la tentación del dibujo personal; tampoco tiene una narrativa tradicional; ni los habituales giros de guión; ni una estructura donde los hechos se concatenan unos con otros. The master es pura pulsión, como la de su protagonista, el fornicador, un pobre tipo cargado de traumas que se convierte en el hijo adoptivo de Dodd. Pura pulsión sentimental, artística, emocional. También una tesis sobre EE UU como país. La tercera tras Magnolia, el mejor cuadro de la sociedad contemporánea que se haya filmado, y Pozos de ambición, estudio dramático sobre los orígenes del capitalismo americano, sobre la retórica del esfuerzo, sobre el triunfo del hombre hecho a sí mismo. Ahora The master elucubra sobre los orígenes de cierta religiosidad americana actual, del creacionismo a la dianética, donde todo se basa en el poder de la mente, en la personalidad que arrastra a las masas, a esos que Lewis Sinclair llamó los babbitts en aquella sátira sobre la vacuidad de la clase media americana llamada precisamente Babbitt. Un Sinclair que ya había retratado a otro Hubbard, a otro Dodd, en Elmer Gantry (adaptada al cine por Richard Brooks en El fuego y la palabra), algo así como el bisabuelo del Tom Cruise de Magnolia.
Anderson es un Sinclair que además de escribir tiene poderes sobrehumanos en su cámara. Capaz de hipnotizar con un plano en principio inocuo. Nadie filma como él. Y además se rodea bien. Jonny Greenwood, guitarrista de Radiohead, vuelve a ser el hijo imposible de Béla Bartók con su partitura. Philip Seymour Hoffman, capaz de dar miedo y dar lástima en apenas un segundo. Y Joaquin Phoenix, un animal salvaje suelto en cada toma. Decían que Anderson, atención, de solo 42 años, era el nuevo Kubrick. Nada. Anderson es solo Anderson. El maestro.

 Fuente: El País