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El Festival de Cine de San Sebastián ha
destacado las 51 nominaciones a los Premios Goya logradas por nueve filmes
presentados en la pasada edición del certamen, aunque la mayoría las acaparan
los tres proyectados en la Sección Oficial: Blancanives, El
artista y la modelo y Lo imposible.
Los dos primeros compitieron por la Concha de
Oro y suman 31 candidaturas; Blancanieves, 18, y El artista y la
modelo, 13, entre ellas la de mejor película y la mejor director para Pablo
Berger y Fernando Trueba. Ambas lograron un puesto en
el palmarés del Festival donostiarra, ya que Blancanieves,
protagonizada por la nominada al Goya Maribel Verdú, se hizo
con el Premio Especial del Jurado y El artista y la modelo, que
también ha conseguido candidatura para la actriz Aida Folch,
con la Concha de Plata al Mejor Director.
Lo imposible, que acudió a la Sección Oficial
del Zinemaldia fuera de concurso, ha logrado 14 nominaciones, que incluyen
también la de mejor película y mejor director para Juan Antonio Bayona.
A los Goya, cuya entrega tendrá lugar el 17
de febrero, optan también el actor José Sacristán, que ganó la
Concha de Plata al Mejor Actor por El muerto y ser feliz, de Javier
Rebollo, mientras que Penélope Cruz es candidata a mejor actriz por Volver
a nacer, con la que el italiano Sergio Castellitto
concursó en San Sebastián.
Además, tres de las
cuatro películas candidatas al Goya a la Mejor Película Iberoamericana también
fueron presentadas en la última edición del Festival: 7 cajas, de Juan
Carlos Maneglia y Tania Schembori; Infancia
clandestina, de Benjamín Ávila, que ganó el Premio Casa
América en Cine en Construcción 2011; y Después de Lucía, de Michel
Franco. Y la triunfadora del 60 Festival de San Sebastián, En la
casa, de Franois Ozon, compite por el Goya a la Mejor
Película Europea con otros dos títulos que fueron proyectados en la 59 edición:
Intocable, de Eric Toledano y Olivier Nakache,
y Shame, de Steve McQueen
Esta mañana, la lectura de seleccionados no
ha deparado grandes sorpresas. Eso sí, la Academia
por fin hace caso a los actores extranjeros que participan en películas
españolas, y Lo imposible tiene a Ewan McGregor, Naomi Watts y Tom
Holland como candidatos a mejores intérprete protagonista, actriz protagonista
y actor revelación. Los directores de las cuatro favoritas también compiten por
su categoría: Pablo Berger (Blancanieves), Alberto Rodríguez (Grupo
7), Juan Antonio Bayona (Lo imposible) y Fernando Trueba (El
artista y la modelo). En dirección novel están Paco León (Carmina o revienta), Enrique Gato (Tadeo
Jones) –por primera vez un director de animación entra en esta
categoría-, Isabel de Ocampo (Evelyn) y Oriol Paulo (El cuerpo).

Varias curiosidades tras la lectura: la
familia León Barrios ha hecho triplete (el hijo dirección, María León como
secundaria y Carmina Barrios, la madre, como revelación); Antonio de la Torre
es doble candidato como secundario por Invasor y como protagonista por
Grupo 7, y ha habido empates en los votos, con lo que en los apartados
a montaje y guion adaptado hay cinco candidaturas. Los Goya se entregarán el 17 de febrero en el hotel Auditorium,
tras clausurar el Ayuntamiento de Madrid el habitual Palacio de Congresos del
Campo de las Naciones, en una gala presentada por Eva Hache.
Contra Antonio de la Torre compiten a mejor
actor Daniel Giménez-Cacho (Blancanieves), Jean Rochefort (El
artista y la modelo), y José Sacristán (El muerto y ser feliz).
Es la primera vez que un clásico como Sacristán aspira a un goya. De
la Torre aseguraba que solo esperaba ser candidato por Grupo 7 y que
le sorprendió la de Invasor: “Hacer cine ya es un premio”. A su lado
José Antonio Félez, el productor del filme, aseguró que estaban encantados: se
habían propuesto a 18 premios y han sido candidatos a 16. El thriller
ha logrado en taquilla 2.400.000 euros, y esperan reestrenarla. “Es buena
cifra, pero esperábamos más”.
En el apartado a mejor actriz compiten
Maribel Verdú (Blancanieves), Penélope Cruz (Volver a empezar),
Aida Folch (El artista y la modelo) y Naomi Watts (Lo imposible).
La tricandidata familia León se ha presentado
en la Academia con los hijos: María León como actriz secundaria (lo ganó el año
pasado por La voz dormida) y Paco León (dirección novel). De sí mismos
dijeron: “Ya nos hemos 'revelado’ toda la familia”. De su madre: “No cabe en sí
de gozo, bueno, normalmente no cabe [risas]. Se lo hemos dicho y nos ha
preguntado: ‘¿Es importante?’. ¡Claro que lo es!”. Contra María León a actriz
secundaria compiten Ángela Molina (Blancanieves), Chus Lampreave (El
artista y la modelo) y Candela Peña (Una pistola en cada mano).
Paco León aseguró que repetirá su novedoso sistema de distribución –lanzamiento
simultáneo en DVD, salas en Internet- si volviera a dirigir una película de
este estilo. “Depende de lo que realizara. Pero creo que los académicos han
valorado nuestra labor, no nuestra distribución. Y mi candidatura… tiene mucho
mérito, porque había casi medio centenar de óperas primas. Me llena de orgullo
y satisfacción”.
Ibon Cormenzana, el productor, y Pablo
Berger, director, presentaron Blancanieves: “Estamos muy, muy
contentos. Nos presentamos a 18 posibles estatuillas y hemos salido en 18. Ha
sido un camino muy, muy largo de ocho años, y el esfuerzo ha sido reconocido”.
Cormenzana espera más alegrías en su recorrido internacional: “La hemos vendido
en muchos países, y en dos semanas estrenamos en Francia. Creo que nos hemos
beneficiado del éxito de The artist. En España llevamos recaudados casi
un millón de euros”. En cuanto a sus rivales, Berger recordó que la industria
española es pequeña –“somos todos amigos”-, y que el resto son igual de
fuertes: “Lo imposible me parece también una película de autor”. Y
confesó: “El cine debe de ser riesgo, y creo que todas las candidatas son de
riesgo. Hacer cine en España ya es de riesgo”. De su reparto, además de la
mencionada Verdú, José María Pou compite a mejor secundario contra Julián
Villagrán (Grupo 7), De la Torre (Invasor) y McGregor (Lo
imposible); Emilio Gavira en actor revelación está contra Alex Monner (Los
niños salvajes), Joaquín Núñez (Grupo 7) y Tom Holland (Lo
imposible); y Macarena García en actriz revelación compite contra Barrios,
Cati Solivellas (Los niños salvajes) y Estefanía de los Santos (Grupo
7). La película sumará este próximo viernes 40 copias más a las que aún
están en cartel. “Me apetece conocer al maestro Jean-Claude Carrière,
coguionista de El artista y la modelo con Trueba… Y confieso”, remató
Berger, “que ahora sí, iré a ver The artist”. A guion original, además
de los reseñados, está el equipo de Grupo 7 y Sergio G. Sánchez por Lo
imposible.
Fernando Trueba, experto ya en estas lides y
el director más veterano de los candidatos con El artista y la modelo,
estuvo de acuerdo con la idea de riesgo lanzada por Berger. “Hay que defender
el cine. Un país sin cine es un país mutilado. En general, los poderes quieren
jodernos la alegría. En fin, volviendo al cine, durante 30 años seguimos con la
idea de copiar la Ley francesa del cine y seguimos sin hacerlo, y hasta
Argentina la ha usado. Seguimos siendo los más tontos”. En cuanto a los Goya,
se declaró “un poco autista ante estas cosas, aunque sí me alegro mucho de la
candidatura de Aida Folch”, que estaba sentada a su lado. La actriz comentó:
“Yo solo quería estar a la altura de la segunda oportunidad que me daba Trueba,
que me pidió incluso aprender un idioma”.
A guion adaptado compiten Fin (con
lo que Sergio G. Sánchez, coescritor de este filme, repite en los dos apartados
de libreto), Invasor, Todo es silencio y Las aventuras de
Tadeo Jones (segunda vez que una película de animación llega a este
apartado, tras
Arrugas, que además ganó el año pasado).
Tres de los cuatro productores de Lo
imposible (Álvaro Augustín, Belén Atienza y Ghislain Barrois) hablaron de
su felicidad, de que todos sus técnicos sean candidatos, y recordaron a la
familia Belón, “los auténticos protagonistas de la historia”. En cuanto a que
sus tres actores, británicos que interpretan en inglés, estén nominados,
valoraron “felizmente” el hecho que se haya roto este tabú. En EE UU han salido
con 14 copias en 7 ciudades, este pasado fin de semana subieron a 500 y la que
viene llegan a 700. “Vamos muy bien”, contó Augustín, “pero, claro, competimos
con filmes de 4.000 copias, que luchan por los Oscar”. En Reino Unido por poco
no ha sido número uno este pasado fin de semana de su estreno. “Se ha estrenado
en 15 países”, contó Atienza y completó Augustín: “Estamos a punto de llegar a
42 millones de euros en España”. Y Barrois apostó: “Nuestro objetivo es superar
los seis millones de entradas”.
José Sacristán, primera vez candidato al
Goya, recordó que es uno de los fundadores de la Academia. “Aún recuerdo el día
que Alfredo Matas nos llamó a una decena para juntarnos en un restaurante y
hablar de ello”. En la primera edición no fue seleccionado, aunque participaba
en la ganadora El viaje a ninguna parte, de Fernando Fernán-Gómez. “Mi
maestro y amigo Fernán-Gómez ya me dijo: ‘Han sido cicateros contigo’. Bueno,
no sé. En realidad estas décadas he trabajado mucho más en teatro que en cine.
Y el resentimiento es muy malo para el hígado”. Con cincuenta años de
profesión, ahora protagonista de El muerto y ser feliz y de Madrid,
1987 (“tan distintas y también tan arriesgadas”), aseguró: “Esto no es una
competición como el salto con pértiga. Lo importante es encadenar trabajos. Y
no me quejo. Eso sí, por supuesto que me gustan los premios, como la Concha de
Plata que me llevé por esta película, El muerto y ser feliz. Además
está la felicidad de volver a rodar en Argentina, porque yo soy mitad de
Chinchón, mitad de Bariloche, y de convertirme en amigo de un tal Javier
Rebollo [director de la película”. Recordó con cariño a Concha Velasco, el Goya
de Honor, que también recibe esta estatuilla por primera vez. “Somos muy
amigos, nos queremos, respetamos y admiramos. Venimos ambos de una generación
de cómicos hechos a pie de calcetín”.
La
noche más oscura, una de las
producciones más esperadas del año, abre con una larga secuencia de tortura. En
una cárcel secreta de la CIA en Pakistán, se somete a un hombre llamado Ammar
(Reda Kateb) a todo tipo de vejaciones. Ensangrentado, se ve desvestido, atado
del techo y privado de sueño con música atronadora. Después de ser sometido a
ahogamiento fingido y de ser encerrado en una caja ataúd, Ammar le ruega a la
protagonista, la agente Maya (Jessica Chastain), que le ayude. “Te puedes
ayudar a ti mismo diciendo la verdad”, le responde ella.
Esa verdad llega en forma de revelación después
de la tortura. Acabado el calvario, Amman le ofrece a la CIA un nombre: Abu
Ahmed Al Kuwaiti, quien resulta ser el mensajero de Osama Bin Laden, clave para
que los Navy SEAL lleguen al complejo de Abottabad donde este se refugia.
La noche más oscura es una película de yuxtaposiciones. Abre con los
gritos de las víctimas de los ataques de septiembre de 2011, atrapados en las
Torres Gemelas. De allí se pasa a la tortura, que en el guión emerge como una
venganza. Es más: la narrativa facilita que el espectador no sienta repulsión
ante los abusos, porque, finalmente, de ellos emerge la pista que lleva hasta
el líder de Al Qaeda.
“La película justifica la tortura. La
directora invierte una exorbitante cantidad de tiempo mostrándola, no como si
fuera un instrumento más de la CIA, sino como el instrumento dominante”,
asegura Karen Greenberg, directora del Centro de Seguridad Nacional en la
Universidad de Fordham. “Y en realidad, ¿fue la tortura necesaria para llegar a
Bin Laden? No. Ese programa de interrogatorios no llevó a Bin Laden. Y de hecho
fue Barack Obama, al llegar a la presidencia en 2009, quien hizo de cazar a Bin
Laden una
prioridad. Para entonces, ese programa de interrogatorios ya era historia”.
La directora, Kathryn Bigelow, y el
guionista, Mark Boal, ambos también responsables del éxito de 2008 En
tierra hostil, han negado que la película argumente que la tortura
emprendida por la CIA durante los años de George W. Bush llevara a la muerte y
captura de Bin Laden. Pero muchos de los que la han visto en EE UU, y saben
algo de la CIA y sus modos, se permiten disentir. Entre ellos se hallan algunos
de los senadores que más saben de inteligencia en el Capitolio.
“La CIA no supo de la existencia del
mensajero de Osama Bin Laden por detenidos sometidos a técnicas de
interrogación coercitiva”, aseguran Carl Levin, John McCain y Diane Feinstein,
miembros del Comité de Inteligencia del Senado, en una
carta enviada esta semana al director en funciones de la Agencia, Michael
Morrell. “Ningún detenido de la CIA informó del verdadero nombre y la
localización específica del mensajero, y ningún detenido identificó el complejo
en que Osama Bin Laden se escondía”.
Dos días después de tomar posesión de su
cargo, en enero de 2009, Obama ordenó el final de la existencia de cárceles
secretas y de la tortura en la Agencia. El programa, en realidad, lo había
anulado Bush en 2006. Obama dijo que su Gobierno no perseguiría a aquellos
agentes que se habían limitado a obedecer órdenes de los asesores legales de la
Administración previa. En la película de Bigelow, esos agentes cumplen esas
órdenes con un aplicado esmero.
“La película se toma significantes licencias
artísticas, aunque se define como históricamente rigurosa”, dijo Morrell, el
actual director de la Agencia en funciones, en una carta a sus empleados.
“Quiero que sepan que La noche más oscura es una dramatización, no un reflejo
realista de los hechos. La CIA cooperó con los cineastas a través de su Oficina
de Asuntos Públicos, pero, como sucede con todos los productos de
entretenimiento con los que cooperamos, no tenemos control sobre el producto
final”.
A Morrell, como a diversos miembros de la
Administración Obama y destacados legisladores que se han opuesto
tradicionalmente a la tortura, les interesa dejar claro que el programa de
torturas fue una mancha, algo de lo que olvidarse, y no el motivo por el que el
terrorista más buscado yace muerto en el fondo del océano.
Aquellos que, bajo Bush, hicieron posible los
interrogatorios coercitivos disienten, diciendo que funcionaron, pero que caracterizarlos
como tortura es una exageración. Es el caso de José Rodríguez, quien, dentro de
la CIA, dirigió el Centro Antiterrorista y el Servicio Nacional Clandestino,
hasta 2007. “La verdad es que nadie resultó ensangrentado o fue golpeado en el
programa de interrogatorios mejorados que yo supervisé”, dijo en una
reciente tribuna en el diario The Washington Post. (Esa expresión,
“interrogatorios mejorados”, es la que suelen emplear aquellos que los
ampararon o ejecutaron). “La primera información sustancial sobre el mensajero
llegó en 2004, de un detenido que fue sometido a interrogatorios mejorados pero
que no sufrió el ahogamiento fingido”, añadió Rodríguez.
Tanto la película como aquellos que diseñaron
el programa de interrogatorios de la CIA asumen ahora un revisionismo que en
realidad obvia que Bin Laden cayó en 2011, justo dos años después de que Obama
hiciera su prioridad encontrarle donde se hallara, y de que Bush hubiera
abandonado la Casa Blanca.
Fuente: El País
Los que se frotaban las manos porque en
Hollywood estaban haciendo una película sobre el origen de la Iglesia de la
Cienciología se estarán dando de cabezazos contra la pared. Ni una gota de
morbo. ¿Acaso esperaban otra cosa de Paul Thomas Anderson? The master
es pura trascendencia, pura complejidad, puro cine. ¿La película más complicada
de desentrañar desde 2001, una odisea del espacio? Quizá. Por eso
aquellos que sacaron entradas para El árbol de la vida junto a la caja
de palomitas y luego despotricaron durante meses harían bien en no repetir
experiencia. Un lector ocasional o adicto a los best-sellers no prueba
en la estantería de Dostoievski, Joyce o Pynchon y dice: “A ver esto qué tal…”.
Así que no lo hagan con el cine. No es pose, no es clasismo cultural. Es solo
un aviso.
“Prueba otra vez, fracasa otra vez, fracasa mejor”,
escribió Samuel Beckett. Una filosofía vital que podría tener su paralelismo en
The master con esta frase inexistente en su relato: “Fornica, fornica
más, fornica mejor”. ¿Dos horas y media de metraje reducidos a la batalla entre
Eros y Tanatos, al imperio del Ello de Sigmund Freud, a la tiranía de las
pulsiones, sobre todo las sexuales, por encima de la moralidad? No, porque The
master es mucho más, aunque se abra con un tipo fornicando con una muñeca
de arena en la playa y termine en la misma posición. Bueno, no “es”, digamos
que “podría ser”, porque aquí nadie tiene la última palabra. Ni el más listo de
los espectadores, ni el más listo de los críticos. Sencillamente porque el más
listo es Paul Thomas Anderson: el mejor director vivo del mundo desde hace
década y media.
The master, retrato oculto de Ron L. Hubbard, creador de la
Cienciología, a través de la figura imaginaria de Lancaster Dodd, no cae en la
tentación del dibujo personal; tampoco tiene una narrativa tradicional; ni los
habituales giros de guión; ni una estructura donde los hechos se concatenan
unos con otros. The master es pura pulsión, como la de su
protagonista, el fornicador, un pobre tipo cargado de traumas que se convierte
en el hijo adoptivo de Dodd. Pura pulsión sentimental, artística, emocional.
También una tesis sobre EE UU como país. La tercera tras Magnolia, el
mejor cuadro de la sociedad contemporánea que se haya filmado, y Pozos de
ambición, estudio dramático sobre los orígenes del capitalismo americano,
sobre la retórica del esfuerzo, sobre el triunfo del hombre hecho a sí mismo.
Ahora The master elucubra sobre los orígenes de cierta religiosidad
americana actual, del creacionismo a la dianética, donde todo se basa en el
poder de la mente, en la personalidad que arrastra a las masas, a esos que
Lewis Sinclair llamó los babbitts en aquella sátira sobre la vacuidad
de la clase media americana llamada precisamente Babbitt. Un Sinclair
que ya había retratado a otro Hubbard, a otro Dodd, en Elmer Gantry (adaptada
al cine por Richard Brooks en El fuego y la palabra), algo así como el
bisabuelo del Tom Cruise de Magnolia.
Anderson es un Sinclair que además de
escribir tiene poderes sobrehumanos en su cámara. Capaz de hipnotizar con un
plano en principio inocuo. Nadie filma como él. Y además se rodea bien. Jonny
Greenwood, guitarrista de Radiohead, vuelve a ser el hijo imposible de Béla
Bartók con su partitura. Philip Seymour Hoffman, capaz de dar miedo y dar
lástima en apenas un segundo. Y Joaquin Phoenix, un animal salvaje suelto en cada
toma. Decían que Anderson, atención, de solo 42 años, era el nuevo Kubrick.
Nada. Anderson es solo Anderson. El maestro.
Fuente: El País